sábado, 23 de abril de 2016

CBN Revista de Estética y Arte Contemporáneo


Lo kitsch y lo pornokitsch.

María Novas Ferradás y Sofía Paleo Mosquera – Arquitectas.


Lo kitsch y lo pornokitsch «Dicho de un objeto artístico: Pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto». De este modo define el diccionario de la lengua española de la RAE la palabra kitsch, que a pesar de no contar con un claro origen etimológico, lleva implícita, incluso en su descripción, una connotación peyorativa. Pero lejos de esta aparente y simple significación, lo kitsch también implica muchas otras acepciones; poder, extravagancia, lujo, seducción…, quieren ser algunos de sus significados, y no sólo eso. Lo kitsch como expresión estética resulta complejo. No pertenece a un sistema social, económico o político concreto. Tampoco a una clase social. Es híbrido y multiforme, se reinventa continuamente, y acepta infinidad de mezcolanzas y artificios. Es, en definitiva, una categoría caprichosa y mudable y, paradójicamente, difícil de categorizar.

Para facilitar la comprensión del sistema kitsch, recurrimos a Tanya Maluenda, que de manera taxonómica formula los principios sobre los que se asienta, a saber: a) La mitagogia y el fetichismo, o cómo los nuevos mitos y fetiches surgen de nuestro entorno sociocultural para manifestarse; b) la inadecuación o desvirtuación entre la forma y su estética y su función; c) la simulación, siendo entendida ésta como la producción a través de la imitación vulgar; d) la sinestesia o acumulación ecléctica de elementos simbólicos, alegorías y metáforas; e) el consumo en el contexto socioeconómico del sistema capitalista, objetivo, en definitiva, por el cual que se crea y difunde; f) el mal gusto y la confluencia de diversos significados y representaciones; g) la cultura pop, igualmente arte popular de visualización de los medios de producción y consumo de masas; h) La complacencia y la evasión que emite su lenguaje emocional, condescendiente y alejado de toda actitud crítica.

Si además reorientamos estos fundamentos al ámbito de lo erótico-sexual, empleando para ello el cuerpo sexuado (dentro de los límites tolerados por nuestra sociedad), emerge lo pornokitsch. Así lo explica la misma autora en su original tesis de 2010, Pornokitsch. El cuerpo femenino como fetiche. Este neologismo, acuñado por Ugo Volli en el año 1973, cocina a fuego lento los ingredientes de la seducción sexual y la atracción estética para excitar, de manera eufemística, lo obsceno e indecente.

La cultura en la cual nos hallamos inmersos, al menos, así lo admite. Los estímulos estéticos y sexuales están al orden del día -lo han estado a lo largo de toda la historia del arte-, y en un contexto patriarcal como el nuestro, en donde la mirada masculina impera, esta lujuria artística resulta irremediable evidencia de desigualdad. Lo pornokitsch y los clubs de alterne Prostíbulo, club de alterne, club nocturno, burdel, mancebía, lupanar o puticlub. Todas fórmulas válidas para denominar estos espacios acerca de los cual la RAE, de nuevo, nos ilustra: «bar de alterne donde se favorece o se ejerce la prostitución». Cabría añadir quizás: la prostitución ejercida, en su inmensa mayoría, por mujeres. 

Al margen del debate sobre la prostitución en nuestro país –sobre cómo muchas mujeres ven reducidos sus cuerpos a simple mercancía mientras se vulneran sus derechos más elementales, sobre cómo la trata de personas, los abusos y la violencia física llevada al extremo forman parte de esa cruda realidad, o sobre cómo las alternativas, desde la regulación de Holanda y Alemania a las posturas abolicionistas de los países nórdicos, merecen ser estudiadas–, haciendo de tripas corazón y ciñéndonos de manera frívola a su manifestación formal más palpable, el club, lo cierto es que en los volúmenes en que se ampara prevalece lo pornokitsch.

 Y es que a excepción de algunos trabajos profesionales como el Bar-Hotel Erótico en Terrassa, de la innovadora interiorista Lola Lago, o las modernas instalaciones del establecimiento La vie en rose en Barcelona, en el que prima la exclusividad, resulta más que evidente que la mayoría de estos locales deben su diseño a la más rigurosa espontaneidad popular. Así, la cultura de masas aparece representada de manera vulgar y ambigua en estos espacios, que no dejan de ser expresión de nuestra sociedad. 

El gusto se corrompe apelando al espectáculo, la distracción y el entretenimiento. De igual manera que sucede en aquellos edificios asociados al ocio y al consumo –como los centros comerciales, las atracciones de feria o los parques temáticos–, las formas y colores se desatan, dando lugar a la más absoluta excelencia de lo excéntrico y estrafalario. Los clubs de alterne y el diseño de arquitectura La arquitectura es soporte de la estética pornokitsch de los clubs de alterne.

De manera casi natural, el simbolismo enaltecido de estos «lugares de placer» requiere de esta tendencia. La imagen materializada arquitectura resulta un traje hecho a medida, atractivo, complaciente y seductor. Como símbolo nos ofrece su consumo, llama al éxito, y lo hace a través de letreros con luces de neón. Como características comunes, esta arquitectura representacional acostumbra a emplazarse a lo largo de las carreteras en la periferia de las ciudades, y sus letreros, concebidos para altas velocidades, suelen visualizarse antes que el edificio mismo.

Esta ubicación no es casual, responde a su funcionalidad; se evita incomodar (o expulsar, según como se mire) al tiempo que se aíslan los posibles conflictos en el medio de la nada. En segunda instancia y, una vez nos aproximamos, el aparcamiento se suele posicionar delante como reclamo extenso y visible. Están concebidos para el acceso en vehículo privado, resultando su emplazamiento, por lo tanto, doblemente estratégico: en vías concurridas y próximos a polígonos, por las que trabajadores (en su mayoría) masculinos circulan y se trasladan a diario. Finalmente el volumen de fachada principal paralela a la vía –o, en todo caso, orientado al carril de circulación–, es exento, evidente, diferenciado. 

Si bien el tipo edificatorio de los clubs de carretera no dista gran cosa de las construcciones de vivienda comunes que nos encontramos en sus alrededores, y mucho menos de los hoteles o restaurantes al pie de la ruta, si algo los distingue entre el resto de construcciones es el color: fachadas rosa chicle, azul cielo o rojo sirven de distintivo, sobre todo durante el día. Y si los hay más discretos, que hasta pueden pasar inadvertidos, esto solo dura hasta que cae la noche y sacan a relucir sus exageradas luces parpadeantes. Además del empleo de colores deslumbrantes y estampados llamativos, la mezcla de materiales diversos y su empleo un tanto tosco suele ser otro de los reclamos presentes en su fachada.

En cuanto a las características tipológicas, normalmente suelen implicar volúmenes de marcada horizontalidad, apaisados, que dependen en su longitud del tamaño y envergadura del negocio. La cubierta de teja árabe a dos aguas y los huecos estándar, con carpintería de aluminio, como los de cualquiera construcción corriente de su entorno; la forma como un sutil disimulo. Sin embargo, la altura de bajo más uno, suele ser una característica común a todos ellos: en la planta baja, el bar y en las superiores, las habitaciones. 

Cabe destacar como los interiores contrastan con la festiva iluminación exterior: son oscuros y cerrados. En penumbra, persiguen que el cliente se aísle y se sumerja -la comodidad y el escapismo-, pretendiendo con mayor o menor éxito, dar paso a un mundo sensorial de percepciones visuales, cromáticas, auditivas... absorbiendo todo atisbo de consciencia sobre el paso de las horas. Pero de todos los elementos enumerados los más importantes son, sin duda, los rótulos de neón.

Estas lámparas de descarga de gas que encierran neón a baja presión se vienen empleando en anuncios desde la explosión publicitaria en los años ‘50 y ‘60. Su color llamativo y fluorescente destaca aquello que pretendamos resaltar, lo convierte en atractivo y sugerente. Se trata, en definitiva, de una muestra más de como la luz se ha empleado siempre para definir objetos, aunque paradó- jicamente no los conforme. 

A lo largo de la historia del arte, numerosos artistas no han sido ajenos a esta fascinante realidad: Andy Warhol y el Pop Art, su influencia en la música en los ‘70, ‘80, ‘90... y aún en nuestros días nos engalanamos a la moda con perturbadores colores neón. Sin embargo, la influencia que ha tenido en el entorno urbano resulta algo más compleja de analizar: su empleo combina estadios de sugestiva magia y artificio con situaciones de clara contaminación visual. La sobresaturación y caótico descontrol derivado de su uso excesivo puede llevar incluso a desembocar en polémicas ordenanzas de regulación y prohibición, como la acontecida recientemente en Madrid.

Pero, en todo caso, este no es el caso de los apartados clubs nocturnos de carretera. Aquí, los rótulos se transfiguran en exentos hitos reconocibles, se convierten en puntos de referencia. Su composición es mixta: pueden contener palabras, imágenes o incluso esculturas; en todo caso, se trata de símbolos eufóricos que promueven la persuasión comercial.

En referencia a las palabras, son principalmente los nombres de los locales los que suelen aparecer. Se trata de alusiones a imaginarios que refuerzan la idea de exotismo y evasión: oasis, luna, noche, amazonas, séptimo cielo, capricho, riviera, cachas locas, pecado, tropical, sunset, etc, son algunos ejemplos de esos términos recurrentes. Por otro lado están las imágenes simbólicas que aluden al «paraíso terrenal» que ofertan, en las que el cuerpo de la mujer resulta ser el elemento más habitual.

Se pretende captar la mirada fetichista al tiempo que se refuerzan estereotipos, y se hace subjetivamente a través de recursos como el tamaño, el color, la innovación y el dinamismo e impacto visuales. Desde luego, la carga connotativa y la tasa de erotización resultan también fundamentales en el contexto de una cultura sexualizada como la nuestra. De este modo, se cosifica a la mujer bien a través de fragmentos corporales (senos, boca, nalgas o pies), bien a través de cuerpo entero. El diseño de arquitectura y los estereotipos.

La arquitectura es soporte de esta estética que no deja de ser comunicación publicitaria y que, como tal, tiene la función social de proyectar y difundir un discurso ideológico que no hace sino modificar las creencias, actitudes y conductas del público al que va destinada. Hablamos de propaganda y concienciación. Se trata de persuadir y fascinar a través de un lenguaje de representaciones idealizadas y, en este caso, hipersexualizadas, que construyen el imaginario colectivo sobre los modos de alcanzar felicidad o poder. Y para esto se emplean estereotipos de género.

El cuerpo de las mujeres se muestra una y otra vez como mero reclamo sensual y erótico buscando el impacto: la mujer como un valor estético i/o sexual resulta ser el principal estereotipo ligado a los roles sociales. Sumado a esto, suelen aparecen como recurrentes los ligados a características de personalidad como la obediencia, la docilidad, la ternura, la sumisión o la complacencia.

En el contexto de una palpable cultura androcéntrica, la dominante masculinidad ejemplifica el control sexual versus la pasividad sexual femenina, normalizando situaciones de poder desigualitarias. El modelo de mujer aquí representado es la Pandora de la Grecia Clásica, ahora resignificada como la femme fatale: la mujer en el rol de lasciva, bella y sensual, deshonesta e inmoral. Y, por supuesto, siempre cachonda. 

Cabe destacar como los clichés derivados de mitos misóginos, como el texto de Hesíodo, tan enraizados en nuestra cultura occidental, perviven todavía en nuestros días. Y, de nuevo, el mito se exterioriza en lo pornokitsch. Del mismo modo que se exhibe la doble moral de una sociedad que, al tiempo que expulsa estos espacios del ámbito urbano, los acepta cómplice y callada. Desvergonzada como el brillo en la carretera de las luces de neón.




Bibliografía.

Berger, John (2000) Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gili.Dorfles, Gillo (1973) El kitsch. Antolgía del mal gusto. Barcelona: Lumen.García Nieto, María Teresa et alt. (2008) Guía de intervención ante la publicidad sexista. Madrid: Instituto de la Mujer.Lago, Lola (2001) Bar-Hotel Erótico en Terrassa.http://www.lolalagointeriores.com/obrasDetalle.php?id=15 [fecha de consulta 3 de diciembre de 2013].Maluenda Toledo, Tanya (2010) Pornokitsch. El cuerpo femenino como fetiche. Granada: Universidad de Granada.Real Academia Española (2001, 22ª edición)Diccionario de la lengua española (DRAE).Scott Brown, Denise et alt. (2011) Aprendiendo de Las Vegas. El simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. Barcelona: Gustavo Gili.




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